Dolor en el tendón de Aquiles al correr: señales de tendinopatía y recuperación

El dolor en el tendón de Aquiles puede comenzar como una pequeña molestia al iniciar la carrera y desaparecer después de calentar. Sin embargo, con el paso de los días puede reaparecer antes, mantenerse durante el entrenamiento o hacerse evidente al levantarse por la mañana.

En MOVE2Be valoramos este tipo de molestias teniendo en cuenta el estado del tendón, la capacidad de la pierna para soportar carga y los cambios recientes en el entrenamiento.

Seguir corriendo sin adaptar esa carga o limitarse a descansar unos días puede hacer que el problema se repita.

¿Por qué puede doler el tendón de Aquiles al correr?

El tendón de Aquiles conecta la musculatura de la pantorrilla con el calcáneo y participa de forma importante en el impulso durante la marcha, la carrera y el salto. Cada vez que el pie contacta con el suelo, el tendón almacena y libera energía para ayudar a desplazar el cuerpo.

El problema suele aparecer cuando la carga que recibe supera temporalmente su capacidad para tolerarla y recuperarse. No siempre existe una lesión puntual o un gesto claramente identificable. En muchos casos, las molestias comienzan después de acumular varios entrenamientos o de introducir cambios demasiado rápidos.

Entre las situaciones que pueden influir se encuentran:

  • Aumentar bruscamente el volumen o la intensidad de carrera.
  • Introducir más cuestas, series, saltos o entrenamientos rápidos.
  • Retomar la actividad después de un periodo de inactividad.
  • Reducir los días de recuperación entre sesiones.
  • Combinar la carrera con otras actividades que también cargan el tendón.
  • Presentar una pérdida de fuerza o resistencia en la pantorrilla.
  • Mantener una carga elevada aunque ya hayan aparecido los primeros síntomas.

La causa no suele estar en un único factor. Por eso, cambiar las zapatillas o aplicar frío puede aliviar temporalmente la zona, pero no siempre resuelve el problema que está manteniendo el dolor.

Señales habituales de una tendinopatía aquílea

Cuando el tendón lleva un tiempo respondiendo mal a la carga, pueden aparecer síntomas compatibles con una tendinopatía.

Los más frecuentes son:

  • Rigidez o dolor al dar los primeros pasos por la mañana.
  • Molestia al empezar a correr que disminuye después de calentar.
  • Dolor que vuelve al terminar el entrenamiento o durante las horas posteriores.
  • Sensibilidad al tocar o presionar el tendón.
  • Engrosamiento localizado en la zona dolorosa.
  • Molestia al subir escaleras, caminar rápido o ponerse de puntillas.
  • Pérdida de fuerza, impulso o confianza al apoyar.
  • Dificultad para mantener el ritmo habitual de carrera.

En algunas personas el dolor se localiza unos centímetros por encima del talón. En otras aparece en la inserción, justo donde el tendón se une al calcáneo.

No todas las tendinopatías aquíleas se comportan igual, por lo que conviene identificar qué zona está afectada antes de elegir los ejercicios o el tratamiento.

¿Es necesario dejar de correr?

No siempre es necesario abandonar completamente la carrera, pero tampoco conviene mantener el mismo entrenamiento ignorando los síntomas.

La decisión depende de la intensidad del dolor, de cómo responde el tendón durante las horas posteriores y de la capacidad para realizar acciones básicas como caminar, subir escaleras o elevarse sobre la punta del pie.

En algunos casos puede ser suficiente con reducir temporalmente:

  • La distancia semanal.
  • El ritmo de carrera.
  • Las cuestas y las series rápidas.
  • Los saltos y ejercicios explosivos.
  • La frecuencia de los entrenamientos.

En otros será necesario sustituir durante un tiempo la carrera por actividades que generen menos carga. El objetivo no es proteger indefinidamente el tendón, sino encontrar una carga que pueda tolerar y aumentarla de forma progresiva.

Descansar por completo puede reducir el dolor, pero no mejora por sí solo la capacidad del tendón para volver a correr. Si al retomar la actividad se recupera directamente el volumen anterior, es frecuente que las molestias reaparezcan.

Qué se valora antes de iniciar el tratamiento

Una valoración adecuada no debería limitarse a localizar el punto doloroso. También es necesario conocer cuándo empezó el problema, cómo ha evolucionado y qué cambios se han producido en el entrenamiento.

Durante la exploración pueden revisarse:

  • La localización y el comportamiento del dolor.
  • La movilidad del tobillo.
  • La fuerza de los músculos gemelo y sóleo.
  • La capacidad para realizar elevaciones de talón.
  • La tolerancia a saltos y apoyos repetidos.
  • El control de la pierna durante gestos funcionales.
  • La respuesta del tendón a diferentes niveles de carga.
  • El volumen, la intensidad y la distribución de los entrenamientos.

Esta información permite diferenciar una tendinopatía de otros problemas que también pueden provocar dolor en la parte posterior del tobillo y establecer un plan adaptado a la actividad de cada persona.

¿Cuándo puede ser útil la ecografía?

La ecografía musculoesquelética puede ayudar a observar el tendón y las estructuras próximas cuando la exploración lo justifica. Permite valorar su grosor, continuidad, organización y posibles cambios alrededor de la zona dolorosa.

También se utiliza para localizar con precisión el tejido cuando se plantea una técnica invasiva ecoguiada.

Sin embargo, la imagen no debe interpretarse de forma aislada. Es posible encontrar cambios estructurales en personas sin dolor y, del mismo modo, la evolución de los síntomas no siempre coincide exactamente con los cambios observados en una ecografía.

Por este motivo, el resultado debe relacionarse con la exploración física, la capacidad funcional y la respuesta del tendón a la carga. La ecografía aporta información, pero no sustituye la valoración clínica.

Recuperar la capacidad del tendón mediante ejercicio

El ejercicio progresivo constituye una parte fundamental de la recuperación. El tendón necesita volver a tolerar fuerza, velocidad y repetición antes de soportar con normalidad las exigencias de la carrera.

El programa puede comenzar con ejercicios controlados de fuerza para la pantorrilla y avanzar hacia tareas más exigentes. Dependiendo del caso, se trabajará con la rodilla estirada y flexionada para implicar de forma diferente al gemelo y al sóleo.

La progresión puede incluir:

  1. Ejercicios de fuerza tolerables para gemelo y sóleo.
  2. Aumento gradual de la resistencia y del recorrido.
  3. Trabajo con una sola pierna.
  4. Ejercicios más rápidos y elásticos.
  5. Saltos y apoyos repetidos.
  6. Reintroducción progresiva de la carrera.
  7. Recuperación posterior de ritmos, cuestas y distancias.

No existe un ejercicio único que sirva para todos los casos. La carga debe ajustarse según el tiempo de evolución, la irritabilidad del tendón y los objetivos deportivos.

La readaptación de lesiones permite conectar el tratamiento con las demandas reales de la carrera. Antes de recuperar el entrenamiento habitual, conviene comprobar que la pierna puede soportar esfuerzos repetidos sin una reacción excesiva durante las horas posteriores.

¿Cuándo puede valorarse la aplicación de EPTE?

En tendinopatías persistentes, la recuperación puede complementarse con técnicas de fisioterapia invasiva ecoguiada, como la electrólisis percutánea terapéutica o EPTE.

Esta técnica aplica una corriente galvánica de baja intensidad a través de una aguja situada de forma precisa en el tejido que se quiere tratar. La ecografía permite controlar la localización de la aguja durante el procedimiento.

La EPTE puede valorarse cuando existe una tendinopatía que no está evolucionando como se esperaba y la exploración indica que la técnica puede aportar valor.

No se aplica de manera automática a todas las personas con dolor de Aquiles ni sustituye el trabajo de fuerza y la adaptación de las cargas.

Su posible utilización debe formar parte de un plan más amplio que incluya:

  • Valoración clínica y ecográfica.
  • Ajuste temporal del entrenamiento.
  • Ejercicio terapéutico progresivo.
  • Recuperación de fuerza y capacidad elástica.
  • Readaptación específica a la carrera.

La indicación dependerá de los antecedentes, las características del tendón, el tiempo de evolución y la existencia de posibles contraindicaciones.

Señales que requieren una valoración temprana

No todo dolor en la zona del Aquiles corresponde a una tendinopatía por sobrecarga.

Conviene solicitar una valoración lo antes posible si:

  • El dolor apareció de forma súbita acompañado de un chasquido o sensación de golpe.
  • Existe una pérdida clara de fuerza para caminar o ponerse de puntillas.
  • Aparecen inflamación intensa, hematoma o deformidad.
  • El dolor impide apoyar con normalidad.
  • Los síntomas empeoran rápidamente sin una causa clara.
  • La molestia no mejora a pesar de reducir y adaptar la actividad.
  • Existen antecedentes médicos o farmacológicos que puedan afectar al tendón.

Estas señales pueden requerir una exploración médica para descartar una rotura parcial o completa u otras lesiones de la zona.

Volver a correr sin repetir el mismo problema

La recuperación de una tendinopatía de Aquiles no consiste únicamente en conseguir que deje de doler. El objetivo es que el tendón vuelva a responder a las exigencias de la carrera y que la persona recupere fuerza, seguridad y capacidad para entrenar.

Para conseguirlo, es necesario combinar una gestión adecuada de la carga con ejercicio progresivo y una vuelta planificada al deporte. Las técnicas complementarias pueden resultar útiles en determinados casos, pero no sustituyen este proceso.

En MOVE2Be realizamos una valoración individualizada de las molestias del tendón de Aquiles y diseñamos un tratamiento adaptado al nivel de actividad y a los objetivos de cada persona.

Si el dolor aparece cada vez que corres, desaparece con el descanso y vuelve al retomar los entrenamientos, es recomendable revisar qué está manteniendo el problema antes de continuar acumulando carga.

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