El hombro congelado, también conocido como capsulitis adhesiva, es una de las patologías de hombro que más desconcierta a quien la sufre. El dolor aparece sin una causa clara, el movimiento empieza a perderse poco a poco y llega un punto en el que gestos tan simples como abrocharse el sujetador, ponerse una chaqueta o alcanzar una estantería se vuelven casi imposibles.
En consulta es muy habitual escuchar: “No me duele tanto, pero no puedo moverlo” o “Cada semana tengo menos movilidad”. Y esa es precisamente una de las claves del hombro congelado: la rigidez progresa incluso cuando el dolor parece controlado.
En Move2Be trabajamos esta patología con un enfoque realista y paciente, entendiendo sus tiempos y ayudando a recuperar movilidad sin forzar ni generar más inflamación.
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Qué es exactamente el hombro congelado
El hombro congelado no es una lesión muscular ni tendinosa. El problema está en la cápsula articular del hombro, una estructura que envuelve la articulación y permite que el brazo se mueva con libertad.
En la capsulitis adhesiva, esta cápsula se inflama, se engrosa y pierde elasticidad. Como consecuencia, el espacio articular se reduce y el hombro pierde movilidad en todas las direcciones, tanto activa como pasiva.
Esto explica por qué, aunque otra persona intente mover tu brazo, el hombro no se mueve. No es falta de fuerza, es una limitación mecánica real.
Por qué aparece el hombro congelado
Una de las características más frustrantes del hombro congelado es que muchas veces aparece sin una causa clara. No siempre hay un golpe previo ni un esfuerzo concreto que lo explique.
Aun así, existen factores que aumentan claramente el riesgo:
- periodos prolongados de inmovilización del hombro,
- antecedentes de dolor o lesión previa mal resuelta,
- cirugías o traumatismos,
- diabetes y alteraciones metabólicas,
- cambios hormonales, especialmente en mujeres entre 40 y 65 años,
- estrés mantenido y sobrecarga general del sistema nervioso.
En muchos casos, el hombro empieza a doler levemente, la persona deja de moverlo “para no molestarlo” y, sin darse cuenta, entra en un círculo de rigidez progresiva.
Cómo se manifiesta el hombro congelado
El inicio suele ser insidioso. Al principio aparece dolor difuso en el hombro, a menudo nocturno, que puede despertar a la persona al cambiar de postura. Con el paso de las semanas, el dolor puede disminuir, pero la movilidad sigue empeorando.
Lo característico del hombro congelado es que se pierde movimiento en bloque. Levantar el brazo, rotarlo hacia fuera o llevar la mano a la espalda se vuelve cada vez más difícil.
En consulta vemos a menudo personas que llegan porque “ya no pueden vestirse solas” o porque el hombro “no responde”, incluso aunque el dolor no sea intenso.
Las fases del hombro congelado (y por qué es importante conocerlas)
El hombro congelado no evoluciona de forma lineal. Suele pasar por distintas fases, y entenderlas ayuda a no cometer errores durante la recuperación.
En una primera fase predomina el dolor inflamatorio. El hombro duele incluso en reposo y por la noche, y forzar el movimiento suele empeorar los síntomas.
Después aparece una fase en la que la rigidez es la protagonista. El dolor puede disminuir, pero el movimiento está muy limitado. Es la fase que más desespera al paciente.
Por último, se inicia una fase de recuperación lenta, en la que la movilidad empieza a volver progresivamente. Esta fase puede durar meses.
Forzar el hombro en la fase inicial o rendirse en la fase rígida son errores muy comunes.
Por qué el hombro congelado necesita paciencia (y criterio)
Una de las grandes diferencias entre el hombro congelado y otras patologías de hombro es que no responde bien a los tratamientos agresivos. Forzar estiramientos intensos o intentar “romper la rigidez” suele generar más inflamación y retrasar la evolución.
La recuperación requiere tiempo, constancia y un enfoque adaptado a cada fase. El objetivo no es ganar movilidad rápido, sino hacerlo de forma estable y sin recaídas.
En consulta vemos hombros congelados que empeoran porque se ha intentado acelerar un proceso que el cuerpo necesita hacer paso a paso.
El papel de la fisioterapia en el hombro congelado
La fisioterapia es clave para acompañar el proceso y evitar errores. No se trata solo de “mover el hombro”, sino de saber cuándo, cómo y cuánto.
En las fases iniciales se trabaja para disminuir el dolor, mejorar la tolerancia al movimiento y evitar que el hombro se bloquee aún más. El tratamiento manual y la movilidad suave ayudan a mantener el máximo rango posible sin irritar la cápsula.
A medida que el hombro lo permite, el tratamiento se centra en recuperar movilidad de forma progresiva, trabajar el control escapular y reintroducir fuerza sin provocar inflamación.
El enfoque se adapta constantemente a la respuesta del hombro. Cada persona evoluciona a un ritmo distinto, y respetar ese ritmo es parte del éxito.
Qué ejercicios suelen formar parte del proceso
En el hombro congelado no hay ejercicios universales. Lo que funciona para una persona puede no ser adecuado para otra, especialmente si están en fases distintas.
Habitualmente se trabaja con movimientos asistidos, ejercicios pendulares, movilidad controlada y trabajo progresivo de estabilidad. El ejercicio nunca debería provocar dolor intenso ni sensación de bloqueo posterior.
La constancia, más que la intensidad, es lo que marca la diferencia.
Cuándo conviene consultar con un fisioterapeuta
Es importante valorar un posible hombro congelado cuando:
- la movilidad del hombro disminuye semana a semana,
- el dolor aparece por la noche sin motivo claro,
- el brazo no se mueve ni siquiera con ayuda,
- los tratamientos habituales no mejoran la situación,
- empiezas a adaptar tu día a día por falta de movilidad.
Cuanto antes se identifica, mejor se puede acompañar el proceso.
Acompañar tu recuperación en Move2Be
El hombro congelado no es una lesión rápida, pero sí tiene solución. Con un abordaje adecuado, la mayoría de personas recuperan una buena movilidad y funcionalidad.
En Move2Be, centro de fisioterapia y readaptación en San Sebastián de los Reyes, te acompañamos durante todo el proceso, adaptando el tratamiento a cada fase y evitando forzar un hombro que necesita tiempo y movimiento bien guiado.
Si notas que tu hombro cada vez se mueve menos o sientes que la rigidez avanza, no esperes a que se cronifique.
Reserva tu cita y empieza a recuperar la movilidad de tu hombro con criterio y paciencia.