Sales a correr con normalidad, pero al aumentar el ritmo empiezas a notar alguna pérdida de orina. O quizá solo sucede al saltar, hacer burpees o encadenar varios ejercicios de impacto. A veces es una pequeña cantidad; otras, una molestia suficiente para condicionar el entrenamiento.
Es un síntoma frecuente, pero no debería asumirse como una consecuencia inevitable de practicar deporte, haber tenido hijos o cumplir años.
En MOVE2Be valoramos este tipo de problemas teniendo en cuenta el funcionamiento del suelo pélvico, la respiración y las exigencias concretas de cada actividad. El objetivo no es dejar de moverse, sino comprender por qué aparecen las pérdidas y recuperar la confianza al entrenar.
Contenido
¿Por qué puede escaparse la orina durante el ejercicio?
Al correr o saltar, el cuerpo recibe impactos repetidos y necesita responder con rapidez para mantener la estabilidad y la continencia.
En esa respuesta participan el suelo pélvico, la musculatura abdominal, el diafragma y las estructuras que sostienen la vejiga y la uretra. No trabajan de manera aislada: deben coordinarse con cada apoyo, salto o cambio de ritmo.
Cuando la presión y la carga generadas durante el ejercicio superan temporalmente la capacidad de respuesta de este sistema, puede producirse una pérdida. Si ocurre al correr, saltar, toser, estornudar o levantar peso, suele ser compatible con una incontinencia urinaria de esfuerzo.
Esto no significa necesariamente que exista un problema grave, pero sí indica que conviene revisar cómo está respondiendo el suelo pélvico.
No siempre se debe a una falta de fuerza
Es habitual relacionar cualquier pérdida de orina con un suelo pélvico débil. Sin embargo, la fuerza es solo una parte de su funcionamiento.
Esta musculatura también necesita activarse en el momento adecuado, mantener su respuesta durante esfuerzos repetidos, coordinarse con la respiración y relajarse correctamente después del esfuerzo.
Una mujer puede entrenar habitualmente y tener una buena condición física general, pero presentar dificultades para coordinar esta respuesta durante el impacto. En otros casos puede existir un exceso de tensión que impida a la musculatura contraerse y relajarse con normalidad.
Por eso, hacer ejercicios de Kegel por cuenta propia no siempre es la solución adecuada. Antes de recomendar un programa conviene saber si es necesario trabajar la fuerza, la resistencia, la coordinación, la relajación o varios de estos aspectos.
Factores que pueden influir
Las pérdidas no suelen depender de una única causa. Pueden aparecer al aumentar el volumen de carrera, introducir saltos o comenzar un entrenamiento más exigente. En otros casos llevan tiempo presentes, pero se hacen más evidentes cuando se acumula fatiga.
También pueden influir los embarazos y partos anteriores, los cambios hormonales, el estreñimiento, la tos persistente, determinadas cirugías o una recuperación insuficiente entre sesiones.
Estos factores no significan que correr o saltar sea perjudicial. Indican que puede existir un desajuste entre la capacidad del suelo pélvico y la exigencia del entrenamiento en ese momento.
¿Tengo que dejar de correr o saltar?
No necesariamente. Suspender toda actividad puede reducir las pérdidas porque desaparece el estímulo que las provoca, pero no resuelve por sí solo la dificultad para responder al impacto.
La decisión dependerá de la frecuencia y cantidad de las pérdidas, de las actividades que las desencadenan y de la presencia de otros síntomas.
Mientras se realiza una valoración, puede ser útil ajustar temporalmente el volumen de entrenamiento, la duración de las series, el número de saltos consecutivos o la intensidad de los ejercicios que generan más molestias.
La finalidad de estos cambios no es evitar indefinidamente el impacto. Se trata de encontrar un nivel de actividad que el cuerpo pueda tolerar mientras se recupera la función necesaria para progresar.
Tampoco conviene reducir excesivamente la ingesta de agua para intentar evitar las pérdidas. Deshidratarse no trata el origen del problema y puede perjudicar tanto el bienestar como el rendimiento.
Qué conviene observar durante el entrenamiento
Saber en qué momento se producen las pérdidas aporta información útil para la valoración. Conviene observar si aparecen desde el inicio o después de varios minutos, si dependen de la velocidad, si solo ocurren al acumular saltos o si también están presentes al toser, estornudar o levantar peso.
También es importante prestar atención a otros síntomas, como una urgencia repentina por ir al baño, sensación de presión o pesadez vaginal, dolor pélvico o molestias durante las relaciones.
Esta información ayuda a entender mejor el tipo de problema y las situaciones que aumentan la exigencia sobre el suelo pélvico.
Qué se valora en fisioterapia de suelo pélvico
La valoración comienza con una entrevista sobre los síntomas, los antecedentes médicos y obstétricos, los hábitos urinarios y la actividad física. También se analizan las situaciones concretas en las que se producen las pérdidas.
Posteriormente pueden revisarse:
- La capacidad para contraer y relajar el suelo pélvico.
- Su fuerza, resistencia y velocidad de respuesta.
- La coordinación con el abdomen y la respiración.
- La gestión de la presión durante el esfuerzo.
- La tolerancia a saltos, carrera y otros impactos.
- La movilidad y el control de la pelvis y las caderas.
Cuando está indicado y siempre con el consentimiento de la paciente, la valoración puede incluir una exploración específica. La fisioterapia de suelo pélvico permite identificar qué necesita trabajar cada mujer en lugar de aplicar el mismo programa a todos los casos.
¿Cómo puede ayudar la ecografía funcional?
La ecografía en fisioterapia puede emplearse como herramienta de apoyo para observar en tiempo real cómo responde la musculatura.
Puede resultar útil cuando cuesta identificar si se está realizando correctamente una contracción o si, por el contrario, se empuja hacia abajo durante el esfuerzo. Ver el movimiento en la pantalla facilita la comprensión y permite corregir algunas compensaciones.
La ecografía no sustituye la exploración clínica ni resulta imprescindible en todos los casos. Se utiliza cuando puede aportar información relevante o facilitar el aprendizaje y la coordinación del movimiento.
El tratamiento va más allá de los ejercicios de Kegel
El tratamiento debe adaptarse a lo observado durante la valoración. En algunos casos será necesario mejorar la fuerza; en otros, la resistencia, la velocidad de respuesta o la capacidad para relajar la musculatura.
El programa también puede incluir coordinación con la respiración y el abdomen, ejercicios de fuerza global, revisión de determinados hábitos y una exposición progresiva a los impactos.
Este último punto es especialmente importante. Una corredora necesita que el suelo pélvico responda repetidamente durante cada apoyo. Una mujer que realiza entrenamiento funcional necesita coordinar esa respuesta con saltos, cargas y cambios de ritmo.
Por este motivo, no basta con realizar contracciones tumbada si después no se trasladan al movimiento y al deporte.
Volver al impacto de manera progresiva
A medida que mejora la respuesta, pueden incorporarse tareas cada vez más exigentes: pequeños rebotes, saltos controlados, carrera por intervalos y aumentos graduales de la velocidad o la duración.
La evolución no debe medirse únicamente por lo que sucede en reposo. También es necesario comprobar cómo responde el suelo pélvico al acumular repeticiones, aumentar la intensidad o entrenar con cierto grado de fatiga.
El objetivo es recuperar la confianza y volver a realizar la actividad habitual sin normalizar los síntomas.
Cuándo conviene solicitar una valoración
Es recomendable consultar cuando las pérdidas se repiten, obligan a utilizar protección, condicionan la forma de entrenar o llevan a evitar determinadas actividades.
También conviene realizar una valoración médica si aparece sangre en la orina, dolor o escozor al orinar, dificultad para vaciar la vejiga, infecciones urinarias recurrentes o un cambio repentino de los síntomas.
La coordinación entre fisioterapia, ginecología, urología o atención primaria permite orientar cada caso correctamente.
Seguir entrenando sin normalizar las pérdidas
Tener pérdidas de orina al correr o saltar no significa que haya que renunciar al deporte. Sí es una señal de que el suelo pélvico puede necesitar una valoración y un trabajo más específico.
En MOVE2Be Woman abordamos estas pérdidas desde la fisioterapia especializada, teniendo en cuenta tanto el suelo pélvico como las exigencias reales de la actividad que practica cada mujer.
Si las pérdidas están condicionando el entrenamiento, es recomendable valorarlas antes de acostumbrarse a modificar las rutinas, utilizar protección en cada sesión o evitar determinados movimientos.